
Hace mucho que no escribo...y no es por el ajetreo, ni las circunstancias, ni el exceso de trabajo en mitad del poco tiempo. No. Es culpa del estado, pero no el con mayúscula (aunque perfectamente pudiera serlo), sino esta medianía en la que me encuentro ahora y que, para muchos, es signo de equilibrio, madurez, que le llaman, pero para mí es como caminar por un limbo de status quo.
Para una persona que ha brincado siempre entre el límite, el margen y el costados no es fácil sentirse en esta posición; mezcla de la nada y la cosa ni una; donde se tienen pocos desvaríos y demasiada planicie (léase calma), pero esa calma que entumece las emociones, adormila las pasiones y nos deja funcionando utilitariamente frente al devenir...
Reconozco que no me sucede habitualmente, pero aún así no lo disfruto...me muevo con más soltura en los extremos, comulgo con más holgura con las tempestades, me siento más segura en los bordes abismales de lo cotidiano...quizás porque ese constante peligro de potencial derrumbe lo asocio con vida; con la sensación de estar vivo, de percibir, de riesgo, de apuesta.
Tal vez se deba a un incipiente síndrome de Peter Pan o, derechamente, a un masoquismo encubierto...pal caso, me da lo mismo.
Sólo ansío que retornen los días en que suelo devanarme los sesos pensando en la salvación de mi alma; o en esos minutos que siento que me desbarranco a un pozo sin fin...
Pese a la angustia y desazón que me causan esos momentos, créanme que lo prefiero a esta sensación de madurez y equilibrio que me tiene al borde del hastío...
Ya sé lo que están pensando...y quizás tengan razón...NO TENGO REMEDIO.











Es el día del Padre, es cierto, pero desde hace muchos años que este día no significa mucho para mí…salvo una fecha que, si no es por la publicidad, no la tendría contemplada porque no tiene espacio en mi memoria.




























