
Lo pasamos bien el viernes en la noche...Parecíamos represas a punto de estallar; llenas de reflexiones de fin de vacaciones, de fin de semana y de otros fines más tristes. Pero logramos exorcizar la pena y, abriendo las compuertas de la palabra, dejamos salir la costra atascada y maloliente que teníamos dentro.
Bueno, los brebajes siempre ayudan poniendo más agudo el entendimiento y la bravura, pero para nosotras que gozamos de la facilidad de la palabra, estos sólo contribuyeron a apurar las sonrisas y el humor con que se deben enfrentar estos traspies existenciales.
Luego vinieron las cartas y la confirmación de algunas ideas que ya veníamos desgranando, pero ahora dichas por una crespa desconocida, con mirada inquisidora y brazos espásticos.
Una vez que la hora pasó y la velada debía llegar a su fin, debimos echar mano de toda nuestra dignidad para que nuestro bamboleo etílico pasara por sensualidad al caminar y así dirigirnos altivas y desafiantes hasta la avenida en busca de un taxi en donde depositar nuestra ya cansada humanidad.
Pero aún quedaba lavia para vertir un par de comentarios más y, como dos añejas adolescentes compinches, nos sentamos en un paradero a desmenuzar los últimos atisbos de unas vacaciones que se alejan demasido pronto. Acabado el análisis exahustivo del futuro inmediato, cada una agarró un auto y partió a perderse en un sueño profundo y en un incipiente dolor de cabeza que viene a confirmar que ya no estamos para tanto exceso: de trasnoche, de jarana, de alcohol, de juventud, pero con la firme convicción de que pese a esa cruel e inhumana certeza, nosotras no nos entregamos fácilmente y damos la pelea hasta morir.
Lo pasamos bien el viernes en la noche...





















