miércoles, diciembre 27, 2006

Mensaje anulado...

Has vuelto a mi recuerdo para trasladarme, otra vez, a tu abrazo; ése que se congeló hace ya tantos años, pero que siempre regresa por las noches cuando cierro los ojos e intento escapar del mundo.
¿Qué harás por estos días? ¿Te acordarás de nuestras tardes de ocio, cuando al mundo lo creíamos nuestro y el tiempo se detenía para dejarnos mirar el uno al otro?

Cuando pienso en ello trato de adivinar tu expresión al recordarme y, como ya lo supondrás, parto siempre por lo nefasto. Te veo enrabiado, perturbado e incómodo por los pasos tempranos, por no haber sabido de la marca que ellos le imprimirían a tu vida. Y es ahí que se me aloja la culpa y se me vienen la tristeza y la urgencia de saber de ti.

Otras veces, las menos, pero las más amables, te veo nostálgico, casi con la misma curiosidad por saber de mi; con una mano dudosa agarrada al teléfono, repitiendo un número que ya no me encuentra.

Pienso...¿Podré, alguna vez, alejar de mi tu presencia?

Mientras más pasa el tiempo, más se enquista tu nombre en mi memoria y hiere con fuerza el apremio de la ausencia.

Hay demasiadas calles donde no te encuentro y hay innumerables momentos en que te haces presente.

En instantes como éste, siento la imperiosa necesidad de no sentir, de no tener conciencia de que el respirar se hace tenue porque duele; duele el silencio, la distancia y el olvido que no llega.

La razón monta guardia certera y envía a su milicia para que me hable de idealización, de tontera, de atadura y me conmine a dejar a los fantasmas en paz; que te deje ir para que puedas hacer tu vida y, de paso, yo me ocupe de la mía.

Pero es difícil porque te llevaste mis herramientas para creer, para construir una nueva ilusión, para avanzar.

He quedado anclada a ti y tú, ignorando todo esto, debes estar yendo por la vida con tu cara trizada, tu boca rosada y tu mirada de abandono.

Ves?

Los asaltos de la razón no pueden contra esta emocionalidad que te ha erigido en el sinónimo del amor más puro que de mí pudo nacer algún día.

Lo sé. No tiene sentido. No tiene sentido que, aunque te sepa lejos, aún reclame tu nombre.

Pero...¿Hay algo más sinsentido que el tener memoria?

2 comentarios:

Literófilo dijo...

La memoria, algunos la aprecian, otros no, mi abuela murió sin ella, Alzhaimer, creo que para mi gusto fue una muerte hermosa. Dice mi madre que murió viendo luz tras la puerta del hospital a la dos de las mañana de un día de invierno.

Gracias por pasar a mi blog, quedás invitada a seguir vistándolo, y sí el cuento no me gustó jajaja, creo que para eso están los blog. Y gracias por lo del talento.

dreamparanoid dijo...

He pasado por las plazas...

han quedado vacías.